Mario Maroto se despidió del Real Valladolid con una emotiva carta dirigida a la afición blanquivioleta después de confirmarse que no continuará en el club tras no ser renovado. El futbolista vallisoletano cierra así una etapa de diez años vinculado a la entidad, marcada por la ilusión de un canterano que llegó con el sueño de defender la camiseta del equipo de su ciudad.
En su mensaje, Maroto recordó sus primeros pasos como aficionado en el José Zorrilla, donde acudía de niño junto a su padre al Fondo Sur para animar al Real Valladolid. Un recuerdo que, con el paso del tiempo, acabó convirtiéndose en realidad sobre el césped: “Difícilmente hubiera podido imaginar que un día gritarían con un gol mío. A veces los sueños se cumplen”, escribió.
El jugador quiso poner en valor todo lo vivido durante esta década en el club, con momentos de felicidad, esfuerzo y también dificultades. Maroto reconoció que formar parte del primer equipo y debutar en Primera División fue “un regalo inolvidable”, aunque también admitió que lo hizo en una etapa complicada para la entidad, con ruido alrededor del equipo y situaciones difíciles tanto en lo deportivo como en lo personal.
Aun así, su despedida estuvo marcada por el agradecimiento y el cariño hacia el Real Valladolid. El canterano destacó el aprendizaje adquirido durante todos estos años y aseguró que afronta esta nueva etapa con la misma mentalidad de siempre: esfuerzo, compromiso y ganas de seguir creciendo.
“Uno casi nunca elige sus circunstancias, pero sí decide qué hacer con ellas”, señaló Maroto en una carta en la que dejó claro que su vínculo con el Real Valladolid va más allá de un contrato. Aunque ahora le toque vestir otra camiseta, el futbolista aseguró que siempre llevará dentro los colores blanquivioletas.
La despedida terminó con una frase que resume su sentimiento hacia el club, la ciudad y la afición: “Gracias por tanto. Soy pucelano y siempre lo seré”.
Mario Maroto dice adiós al Real Valladolid como jugador, pero no como aficionado. Una salida cargada de emoción para un futbolista formado en casa y que ha vivido el sueño de cualquier niño vallisoletano: llegar al primer equipo del club de su vida.
