El ex jugador del Real Valladolid, Ivan Kaviedes, es ahora amante de los tatuajes. En su brazo lleva impreso un cementerio de tinta: en su piel lleva tatuadas cuatro cruces en homenaje a sus padres y abuelos; también una lápida con sus iniciales, pero sin fecha porque —según dice el exjugador tricolor— para él no hay lugar ni en el cielo ni en el infierno.